Adios

 

Cuando alguien se va; se van muchas cosas con esa persona, se van los planes sin cumplir, las promesas, las risas y carcajadas hasta los enojos y controversias que se tenían con esa persona. Se van tantas cosas y sólo queda su ausencia queda un vacío intenso tan inmenso que es imposible de llenar. El dolor y el desánimo no se hacen esperar. Cada día que pasa duele, duele tanto duele hasta respirar. Se puede perder el apetito o se puede caer en excesos cómo comer sin hambre y beber sin sed. ¿Por qué? Porque no se puede llenar el vacío que quedó y lo más difícil es aprender a vivir su ausencia.

Se repasan mentalmente una y otra vez los momentos, instantes valiosos que nos acercan a nuestra persona amada se nos hace tan difícil dejarle marchar y queremos retenerle en nuestros sueños y en nuestros pensamientos, hasta en ocasiones en nuestra conducta, ya que inconscientemente imitamos, para poder sentirnos cerca.

En nuestros recuerdos ellos nunca se van sólo su cuerpo está ausente, pero su esencia permanece en nosotros ya que formamos parte de un todo. Y estamos unidos a ellos con sus vivencias, sus enseñanzas, sus chistes, sus palabras que penetran nuestra alma y nuestro ser.

“Un poco de otros vive en nosotros” cuando decir adiós es para siempre porque sabemos que nunca más volveremos a escuchar su voz ni volveremos a fundir nuestra mirada con la de la persona amada.

Es tan difícil aceptar que todo lo que queda es lo que ya pasó, lo que hicimos juntos lo sé qué dijo, lo que se planeo; siendo el cielo testigo de ese gran amor. Quedando su esencia en el recuerdo permanente de nuestra existencia, no hay lágrimas ni lamentos que valgan y sean lo suficientes para acallar y menguar el inmenso dolor.

El vacío ha llegado ocupando el lugar de esa persona. Muchas palabras cariñosas no alcanzan ni alcanzarán a cubrir siquiera un poco la gran tristeza que emana del corazón. Un corazón afligido oprimido por este inmenso dolor; dolor incomparable casi insoportable qué parte en pedazos el alma. La entereza flaquea y el espíritu duele, duele respirar duele abrir los ojos duele saber que ella o él ya no están. Que cada día que vivamos lo viviremos con su ausencia soñando y añorando los momentos que vivimos juntos.

 

Pero por muy grande e insufrible que es este dolor ten la confianza de que poco a poco te irás recuperando y no, no olvidaras siempre recordaras, pero con armonía con alegría en tu corazón por saberte afortunadx, porque conociste a una gran persona porque vive en ti y que mientras tú existas también el-ella existirá.

 

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