El Adiós
Las despedidas son difíciles y mas aquellas en las que nos despedimos de una persona para siempre, y sabemos que nunca mas la volveremos a ver, quizás en ocasiones, con suerte la podamos ver en nuestros sueños, también podemos verla en los recuerdos, en aquello que nos dejaron y marcaron con su presencia, recordaremos su perfume, su sonrisa, sus gustos, sus gestos y el tono de su voz, claro entre muchas otras cosas mas.
Entre las lágrimas y el dolor agudo en el corazón sentiremos su ausencia, pero con el recuerdo de los momentos que compartimos nos quedamos con un poco de su esencia, esa esencia que queda integrada en nuestro ser y que estará con nosotros a donde vayamos.
Las personas que se han ido, no se van para siempre por que mientras uno este vivo ellos estarán vivos en nosotros. Les podremos ver y sentir en muchas cosas que hagamos y les mantendremos presentes en nuestro corazón y en nuestro pensamiento.
Entonces ¿Cómo estar preparados para enfrentar el dolor del adiós? Ese adiós que todos tememos y del cual nadie se escapará, ya que a todos la muerte nos llegará. La muerte también es la vida ya que “cada día vivo mas y muero un poco, cada que vivo muero”. La consciencia es lo que nos ayuda a superar el dolor, el saber que la muerte y la vida son uno mismo y que si vivo muero y que si muero vivo, por qué estoy en los demás.
¿Que es lo que nos duele? La ausencia; el no tener su presencia, ese espacio enorme que queda entre la persona que se va y yo, todas aquellas cosas que quedaron pendientes, todos esos debería, todos esos me gustaría, lo que no le dijimos y lo que si le dijimos.
Entonces mejor orientarnos hacia lo que sí hicimos, afianzándonos a los recuerdos, trayendo a la memoria los momentos que se vivieron y visualizando una forma de vivir en la que la persona ya no está físicamente, pero sigue presente en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestra forma de ser por que su esencia perdurará mientras uno este vivo.
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